3/6/09

LECTURAS JUNTO AL MAR

Ahora que se acercan las vacaciones, me ha parecido buena idea facilitaros ciertos títulos que ayudarán a elegir esos libros que nos acompañarán frente al mar . Prometo varias entregas para que vuestra elección sea más fácil. Espero que os ayude y si no….mandarme vuestras propuestas porque estaré encantada de publicarlas.

1- BOTERO, JUAN CARLOS; El arrecife, Ed. Belacqua, Col. La otra orilla, Barcelona, 2006.




Novela de autoaprendizaje, de conocimiento interior y exterior.
Alejandro conocerá a su tío Ernesto en una isla del Caribe y a partir de ese momento, nada volverá a ser igual.
Primero conoceremos a Ernesto por la familia que habla de él como si fuera un apestado, luego poco a poco el mismo personaje nos irá demostrando con hechos, con palabras que es una persona completamente diferente, llena de valores como la dignidad, el esfuerzo, el apoyo y sobre todo las ansias por conocer lo que le rodea y a sí mismo. En la novela el personaje de Ernesto planteará un desafío no sólo a su sobrino Ernesto, sino a nosotros como lectores: el mar y los seres humanos como parte de un mismo ser, pero…¿seremos capaces de aprender lo suficiente como para desenvolvernos en “ese mar”?.


Os dejo también parte de la reseña de la contracubierta:
El mar será amigo y enemigo, y el arrecife coralino el gran desafío contra cuyas rocas se han estrellado los más expertos marineros. Nadar en el mar de la vida exige algo más que una técnica depurada, exige el valor de enfrentarse a los propios límites y salir indemne.
El autor nos enseña que los seres humanos tenemos una enorme relación con el mar. Las lágrimas, la saliva, todos los fluídos humanos son elementos salinos, y esa semejanza, es uno de los temas principales de esta novela.


Extraordinarios personajes que se quedarán grabados, así como esa naturaleza marina llena de luz, de brisas pero también de la fuerza cíclica del oleaje, de peligro, de animales acechando. Grandeza y dignidad humanas frente a la fuerza salvaje de la Naturaleza: fantástica historia y por eso os dejo un extracto como adelanto.


[...] -Entonces tú has cruzado el arrecife -dijo Amanda, más como una reflexión que como una pregunta.
-Bueno -reconoció Ernesto con una mirada severa-, la verdad es que sí. Un par de veces. Pero les repito: eso tiene su ciencia y hay que saberlo hacer. En esta isla han muerto más de uno intentando cruzar al mar abierto.
[...]-Pero ¿cómo es posible?
-Lo que pasa es que los elementos se juntan para reventarte -declaró Ernesto-, y eso sucede porque el mar castiga la ignorancia. Supongamos que estás tratando de atravesar ese lugar tan violento, nadando desde luego con máscara, tubo y aletas, y una ola del tamaño de un camión te cae encima; si no la sabes sortear, la potencia del agua, que es verdaderamente brutal, te empuja y te revuelca de inmediato contra las piedras. Entonces, de un lado quedas herido, cortado y sangrando, lo cual nunca es aconsejable en el mar, pero además es probable que, en la revolcada, pierdas una aleta o se reviente el cristal de tu máscara, de manera que te puedes encontrar cojo o ciego peleando contra el oleaje que npo te da un respiro porque te sigue martillando sin pausa…[...]
-¡Dios mío! -repitió Amanda-. ¿Y para qué lo hacen?
[...]-Pues bien, no me considero capaz de sintetizarlo en una frase, pero creo que se resume en algo elemental, casi primitivo, y es el deseo de conocer.
-¿De conocer qué?
-Lo que hay más allá.
-¿Sólo eso?
-Bueno, supongo que también intervienen otros factores, como la necesidad de vencer la adversidad o conquistar los elementos.
[...] "conquistar los elementos", había dicho él , tontamente. Casi suelta una maldición en voz alta por haber pronunciado semejante idiotez. Era el colmo de la ingenuidad, porque él sabía ( y lo sabía porque lo había vivido, experimentado con todos los sentidos) que los elementos jamás se conquistaban. [...] El mar, había escuchado alguna vez, era el maestro humillador, el gran domador de ínfulas, porque la persona podía ser la más inteligente, la más fuerte, la más valiente o la más poderosa sobre la tierra, pero bastaba un instante o un cambio repentino para que el viento y las olas la dejaran atónita, boquiabierta, sin saber como reaccionar y lloriqueando como un crío. Por todo eso el hombre [...] se prometió no volver a incurrir en ese tipo de polémicas [...].


2- BAYAL, HIDALGO, GONZALO; El espíritu áspero, Tusquets editores, Col. Andanzas, Barcelona, 2009.


Relato autobiográfico del viejo profesor de latín don Gumersindo. Brillante historia narrada con inteligencia y riqueza no sólo de conocimientos sobre la geografía, dialectos, costumbres, cultura de los pueblos de Extremadura o Castilla, sino sobre la propia lengua española (sus usos irónicos, sinonímicos, latinismos, dichos y refranes, etc).


Os escribo parte de la contraportada:
El espíritu áspero quiere ser la memoria de ese singularísimo personaje, y de todas sus circunstancias. Fiel a los recuerdos manuscritos, el narrador, relata, por una parte, su infancia rural, su formación en un internado con los padres hervacianos o sus experiencias como profesor inexperto y luego venerable, pero, por otra, además de incorporar anécdotas legendarias que cuentan los alumnos o conversaciones de tertulia, incluye brillantes escarceos literarios, repletos de hallazgos verbales, acordes con el uso lúdico y humorístico de la lengua -rimas y palíndromos, apodos y paranomasias- que el profesor ha practicado a lo largo de su vida.


Os dejo un pequeño extracto para que vayaís abriendo boca, como quien dice:

[...] pese a su documentada militancia heterográfica, bien creo que tenía alguna intuición lingüística suplementaria y peculiar. [...] Fue Biballo quien en un ejercicio de traducción latina tradujo "Viriatus", pastor lusitano, guerrero valiente, como "hombrecillo", un diminutivo anómalo de "vir", al modo de jabato, lobato y gurriato. Biballo fue quien distinguió entre nombres sustantivos abstractos y contractos. Biballo fue el neoconjugador de un polisémico "coser" (cosoy, coeres, coés, cosomos, cosóis, cosón), tan útil para expresar la doctrina matrimonial mosaica como la ideología marxista o la solidaridad metafísica. Biballo fue quien agrupó las consonantes en tres categorías fonéticas: sólidas (b, d, g, p, t, c), líquidas (l, r) y gaseosas (h). Y a mí mismo, en fin, me habló en cierta ocasión, en un examen, del "sujeto oprimido" y me pormenorizó en otro sobre su teoría sobre las "oraciones anunciativas".

No hay comentarios:

Publicar un comentario