
HAMLET
HAMLET. Tampoco seas demasiado manso, sino que tu propia discrección sea tu guía. Acomoda la acción a la palabra, la palabra a la acción, con este cuidado especial; que no rebases la moderación de la Naturaleza, pues cualquier cosa que así se exagere, se aparta del propósito del teatro, cuyo fin, al principio y ahora, era y es, por decirlo así, sostener el espejo de la Naturaleza, mostrando a la Virtud su propia figura, al Vicio su propia imagen, y a la época y conjunto del tiempo, su forma y huella. Ahora, si esto se exagera, o sale a duras penas, aunque haga reír a los inexpertos, no puede dejar de molestar a los juiciosos, cuya censura, en vuestra estimación, debe contrapesar a todo un teatro de los otros. Ah, hay actores que he visto, y que he oído alabar a otros, y altamente (para no decirlo de modo profano), los cuales, no teniendo acento de cristianos ni andares de cristianos, ni de paganos, ni de hombres, se pavoneaban y mugían de tal modo que pensé que algunos jornaleros de la Naturaleza hubieran hecho hombres sin hacerles bien: tan inhumanamente imitaban a la humanidad.
WILLIAM SHAKESPEARE; Hamlet, ed. Clásicos universales Planeta, 1993, escena II, p. 56
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